Día Mundial de la prevención del Embarazo no Planificado en Adolescentes

El 26 de septiembre se conmemora el Día Mundial de Prevención del Embarazo no Planificado en Adolescentes. Esta es una campaña educativa que tiene como objetivo principal crear conciencia sobre la problemática del embarazo en adolescentes a nivel mundial.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el embarazo adolescente o embarazo precoz es aquel embarazo que se produce entre los 10 y 19 años, período denominado como adolescencia.

Las tasas de embarazo adolescente en América Latina y el Caribe continúa siendo las segundas más altas del mundo, estimadas en 66,5 nacimientos por cada 1000 niñas entre los 15 y 19 años, sólo superadas por África subsahariana, mientras que la tasa mundial de embarazo adolescente se estima en 46 nacimientos por cada 1000 niñas.

A pesar del descenso en las tasas de fertilidad global (nacimientos por cada 1,000 mujeres de 15 a 19 años) en las últimas décadas, las tasas de fertilidad adolescente siguen siendo altas y afectan a poblaciones vulnerables (comunidades indígenas, rurales y más pobres).

Panamá es el tercer país de América Central con la tasa más alta de fecundidad en adolescentes en el período 2010 – 2015, según datos de la OMS publicadas en febrero de este año. Las cifras indican que Nicaragua (92.8), Guatemala (84) y Panamá (78.5) ocupan las tres primeras plazas de fecundidad en adolescentes.

En Panamá, para el 2018, hubo 10 mil 440 embarazos de adolescentes en control prenatal a nivel público, 528 casos más que los contabilizados en 2017, cuando la cifra ascendió a 9 mil 912. (Estas cifras no incluyen los reportes de la Caja de Seguro Social ni de las clínicas privadas).

Si bien es cierto, algunas adolescentes planean y desean su embarazo como un proyecto de vida, en muchos casos no es así. En adolescentes menores de 15 años, el embarazo puede darse en un marco de violencia y abuso sexual, mientras que en algunas comunidades indígenas y rurales las muchachas pueden recibir presión social para contraer matrimonio y tener hijos.

En países de ingresos medianos y bajos más del 30% de las muchachas contraen matrimonio antes de los 18 años y cerca del 14% antes de los 15 años.

El problema se incrementa cuando éstas adolescentes no saben cómo evitar el embarazo, pues en muchos países se carece de educación sexual integral y de servicios amigables para esta población. Es posible que también, se sientan demasiado cohibidas o avergonzadas para solicitar servicios de anticoncepción, además de que se presenten barreras de acceso para la atención de este grupo de edad, tanto para su atención como para la prescripción y adquisición de un método anticonceptivo.

La importancia de este día radica en visualizar y concientizar a las adolescentes, los gobiernos y la sociedad en general, de las repercusiones sociales, económicas y de salud pública que tiene este embarazo, tanto para la madre/padre adolescente como para su hijo. A continuación, enumeramos alguna de las consecuencias que se reportan en la literatura mundial relacionadas al embarazo adolescente.

Consecuencias de salud para la adolescente
Las madres adolescentes de entre 15 y 19 años tienen más probabilidades de tener anemia, hipertensión arterial durante el embarazo (preeclampsia) y terminación prematura del embarazo (parto pretérmino).

La nutrición inadecuada durante el embarazo es un problema aún más marcado entre los adolescentes en los países en desarrollo, las cuales inician un control prenatal más tardío que las mujeres de mayor edad. Al respecto, otras investigaciones también indican que las adolescentes embarazadas tienen menos probabilidades de recibir atención prenatal y atención del parto por personal calificado, sobre todo en áreas indígenas.

El riesgo de muerte materna para las niñas menores de 15 años es mayor que para las mujeres de 20; de hecho en los países de bajos y medianos ingresos las complicaciones del embarazo resultan en la muerte de aproximadamente 70,000 adolescentes en países en desarrollo cada año.

La Organización Mundial de la Salud estima que el riesgo de muerte después del embarazo es dos veces mayor para las niñas de 15 a 19 años que para las mujeres entre 20 y 24 años, así mismo establece que la tasa de mortalidad materna puede ser hasta cinco veces mayor para las niñas de 10 a 14 años que para las mujeres entre 20 y 24 años.

Por otro lado, apunta que el aborto ilegal también coloca en riesgo de muerte a esta población adolescente y representa repercusiones en el futuro reproductivo de éstas llegando hasta la infertilidad, así mismo apunta que las madres jóvenes y sus bebés corren un mayor riesgo de contraer el VIH.

Consecuencias de salud para el recién nacido
Los hijos de madres adolescentes tienen más probabilidades de nacer prematuramente con bajo peso, lo que los predispone a enfermedades perinatales y muchas otras enfermedades durante su vida.

En los países de ingresos bajos y medianos, los bebés de madres menores de 20 años se enfrentan a un riesgo que es 50% superior de mortalidad prenatal o de morir en las primeras semanas de vida que los bebés de mujeres de 20 a 29 años.

Los bebés nacidos de adolescentes corren el riesgo de ser abandonados y abusados porque, en ocasiones, las madres jóvenes no saben cómo criarlos y están muy frustradas por las demandas constantes del cuidado de los pequeños en ausencia de un apoyo familiar eficiente.

Las hijas que nacen de padres adolescentes tienen más probabilidades de convertirse en madres adolescentes.

Consecuencias psicológicas
Las mujeres adolescentes que están embarazadas o ya son madres tienen siete veces más probabilidades de suicidarse que otras adolescentes y es que en ella se registran sentimientos de frustración, baja autoestima y depresión, además del síndrome del fracaso, que se refleja en la incapacidad para lograr sus metas evolutivas, terminar su educación, limitar el tamaño de su familia, establecer una vocación y conseguir independencia.

Consecuencias sociales
Con frecuencia se percibe la discriminación que pueden sentir las adolescentes embarazadas en el ámbito social y escolar, llegando a los rechazos por parte de su pareja, amigos, vecinos y familiares; incluso sus propios padres. Los hijos no deseados de padres adolescentes tienen mayores tasas de abandono por falta de afecto hacia ellos.

Con frecuencia se observa en padres adolescentes presentan dificultades para establecer una relación de pareja estable, llevando a relaciones secuenciales que aumentan el riesgo de enfermedades de transmisión sexual y repetición del embarazo.

Consecuencias económicas
El embarazo adolescente también afecta la educación de las niñas y el potencial de ingresos ya que muchas se ven obligadas a abandonar la escuela, lo que en última instancia es perjudicial en el marco de las oportunidades futuras y las perspectivas económicas.

En el 2011 la OMS publicó junto con el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) unas directrices sobre la prevención de los embarazos precoces y la reducción de los resultados negativos para la reproducción. Las directrices contienen recomendaciones sobre las medidas que los países podrían adoptar con seis objetivos principales:
• Reducir el número de matrimonios antes de los 18 años.
• Fomentar la comprensión y el apoyo a fin de reducir el número de embarazos antes de los 20 años.
• Aumentar el uso de anticonceptivos por parte de las adolescentes a fin de evitar el riesgo de embarazo involuntario.
• Reducir las relaciones sexuales forzadas entre las adolescentes.
• Reducir los abortos peligrosos entre las adolescentes;
• Incrementar el uso de servicios especializados de atención prenatal, en el parto y posnatal por parte de las adolescentes.

Todo ello requiere un enfoque holístico para abordar el embarazo adolescente, esto significa no centrarse en cambiar el comportamiento de las niñas, sino en abordar las razones subyacentes del embarazo adolescente, como la pobreza, la desigualdad de género, las presiones sociales y la coacción.

Este enfoque debería incluir «proporcionar educación sexual integral apropiada para la edad para todos los jóvenes, invertir en la educación de las niñas, prevenir el matrimonio infantil, la violencia sexual y la coacción, construir sociedades equitativas para los géneros, empoderando a las niñas e involucrando a hombres y niños y garantizando el acceso de los adolescentes a la información de salud sexual y reproductiva, así como a los servicios que los acogen y facilitan sus elecciones.

Redacción de la Dra. Margarita Castro
Ginecóloga Infanto-Juvenil en el Hospital del Niño Dr. José Renán Esquivel