Detección temprana de la parálisis cerebral: una oportunidad para transformar el futuro
La parálisis cerebral (PC) es la causa más común de discapacidad motora infantil que se origina a partir de una lesión no progresiva en un cerebro en desarrollo, generando trastorno del movimiento y la postura. Puede acompañarse de trastornos cognitivos, del lenguaje y la deglución, auditivos, y epilepsia entre otros
Se estima que su prevalencia global es de 1,5 a 2 casos por cada 1.000 nacidos vivos, causando no solo trastornos del movimiento del niño, sino que impacta de manera directa en su calidad de vida y la de su familia.
Frente a lo anterior, Julieta Pérez de Mayo, especialista en medicina física y rehabilitación quien se desempeña como fisiatra en el Hospital del Niño, Dr. José Renán indicó que se trata de una patología multidimensional que requiere un abordaje integral y que su diagnóstico oportuno marca una diferencia decisiva en su tratamiento.
EL VALOR DE IDENTIFICAR A TIEMPO
Durante muchos años, aunque algunas señales podían estar presentes desde el nacimiento, el diagnóstico de parálisis cerebral solía realizarse tardíamente.
Con frecuencia, eran los padres quienes, alrededor de los seis meses, comenzaban a notar retrasos en los hitos del neurodesarrollo: el bebé no sostenía la cabeza, no se sentaba, mantenía las manos en puño o utilizaba una mano más que la otra, comentó Pérez de Mayo.
Y añadió que el diagnóstico formal podía tardar hasta los 12 meses o incluso los 2 años, lo que implicaba la pérdida de un periodo crucial para intervenir.
Actualmente, los avances en la medicina permiten identificar desde el nacimiento a aquellos niños con alto riesgo de desarrollar parálisis cerebral.
Esto hace posible iniciar intervenciones de forma inmediata, aprovechando una ventana única: el primer año de vida, especialmente los primeros tres meses, cuando el cerebro tiene una mayor capacidad de adaptación.
NEUROPLASTICIDAD: LA CLAVE DEL CAMBIO
El cerebro humano tiene la capacidad de reorganizarse y crear nuevas conexiones neuronales a lo largo de la vida, comentó Pérez de Mayo; no obstante, esta capacidad es particularmente intensa durante los primeros meses de vida.
Apunta que cuando la intervención comienza de manera temprana, es posible guiar el desarrollo motor del niño, mejorar su funcionalidad y potenciar su independencia futura y deja claro que aunque la lesión cerebral no desaparece, sí es posible modificar significativamente el pronóstico y la calidad de vida.
SIGNOS DE ALARMA QUE NO DEBEN IGNORARSE
La identificación precoz también depende de reconocer factores de riesgo y señales de alerta:
- Nacimiento prematuro (antes de las 37 semanas)
- Lesiones cerebrales como hemorragias o isquemias.
- Malformaciones cerebrales o condiciones genéticas.
- En bebés mayores de seis meses: (no se sientan, uso preferente de una sola mano, postura en puntas al intentar ponerse de pie)
Detectar estos signos a tiempo permite activar rutas de evaluación e intervención temprana.
HERRAMIENTAS DIAGNÓSTICAS CON ALTA PRECISIÓN
Existen diversas herramientas validadas científicamente que permiten una detección temprana con alta sensibilidad, entre ellas, está la evaluación de movimientos generales de Prechtl: analiza la calidad de los movimientos espontáneos del bebé, observando secuencias variables del cuerpo, además del Examen Neurológico Infantil de Hammersmith (HINE) que evalúa de forma estandarizada el tono muscular, los reflejos y los movimientos en niños de 2 a 24 meses, así como las resonancia magnética cerebral que aporta información estructural clave para el diagnóstico.
Estas herramientas, aplicadas por personal capacitado, permiten identificar con alta certeza a los niños con riesgo de parálisis cerebral.
UN ABORDAJE INTEGRAL Y PERSONALIZADO
Respecto al tratamiento para la parálisis cerebral, Pérez de Mayo deja saber que no es único ni uniforme, sino que depende del tipo de lesión, su localización y la severidad del compromiso motor.
A partir de esta evaluación, añade, se establece una “topografía clínica” que orienta el tipo de intervención necesaria.
En este proceso interviene un equipo multidisciplinario conformado por especialistas en medicina física y rehabilitación, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, entre otros profesionales, quienes trabajan de forma coordinada para:
- Estimular el desarrollo motor
- Favorecer la funcionalidad
- Promover la independencia del niño
Una labor que se inicia desde etapas muy tempranas, incluso en las unidades de neonatología y cuidados mínimo.
LA FAMILIA: PIEZA FUNDAMENTAL EN EL PROCESO
La Dra. Indicó que en gran medida el éxito en la evolución favorable de estos pacientes es el rol de los padres y cuidadores, ya que el niño/a depende en gran medida del acompañamiento familiar: asistir a las terapias, seguir las recomendaciones médicas y mantener la constancia en los cuidados.
Aunque recibir un diagnóstico de este tipo genera emociones como tristeza, ansiedad e incertidumbre, hoy existe un mensaje claro: hay esperanza. La intervención temprana cambia realidades, porque “cada pequeño avance en el niño representa una gran victoria para la familia” y nuestro deber es acompañarles en todo el proceso.
***** La atención de estos pacientes también se fortalece a través de la colaboración interinstitucional. En el país, diversas entidades contribuyen a este abordaje, incluyendo institutos especializados en medicina física y rehabilitación, centros de atención integral y servicios de salud en distintas provincias, lo que permite ampliar el acceso a diagnóstico y tratamiento oportuno.







