Diagnóstico oportuno: fortaleciendo la esperanza en la detección del cáncer infantil
En 2020, mientras el mundo hablaba de pandemia, la familia Henríquez Bethancourth enfrentaba su propia batalla.
Alejandra tenía apenas año y medio cuando en casa se comenzó a notar algo que no parecía normal: un leve estrabismo en el ojo izquierdo. La llevaron a su pediatra y luego a un oftalmólogo. No había hallazgos preocupantes. Les dijeron que todo parecía estar bien.
PERO UNA MADRE SABE.
“Yo sentía que algo no estaba del todo bien”, recuerda la madre de Alejandra. Días después, escuchó en las noticias el testimonio de otra madre que hablaba de una enfermedad en la retina. Esa historia la impulsó a buscar una segunda opinión con una retinóloga.
Fue entonces cuando escuchó por primera vez una palabra que cambiaría sus vidas: tumor.
En cuestión de una semana, tras la referencia correspondiente, el diagnóstico fue confirmado: retinoblastoma en el ojo izquierdo, un tumor ocular maligno poco frecuente que afecta principalmente a menores de cinco años primordialmente en latinoamérica. Lamentablemente, el cáncer ya se encontraba en un estado avanzado.
Aunque el tratamiento inició casi de inmediato, con sesiones de quimioterapia que podían durar entre cuatro y ocho horas, no fue posible salvar el ojo afectado. La pequeña tuvo que someterse a una enucleación.
“Fueron muchas horas, muchos días difíciles, pero entendíamos que era por su bienestar”, cuenta su padre.
Hoy, siete años después, Alejandra cursa segundo grado. Le encantan las matemáticas, los viajes y los columpios. Sueña con ser veterinaria. Habla de su proceso con naturalidad y vive con la alegría propia de su edad.
Aunque el diagnóstico no fue lo suficientemente temprano para salvar su visión, sí llegó a tiempo para salvar su vida.
Sus padres hoy hacen un llamado claro: asistir a los controles pediátricos, observar a los hijos y hablar de inmediato con el médico ante cualquier señal que parezca fuera de lo habitual.
“Entre más temprano el diagnóstico, mejor será la respuesta al tratamiento”, aseguran.
Un cambio que da esperanza
Historias como la de Alejandra hoy encuentran nuevas oportunidades y se llenan de esperanza.
En el marco del Día Internacional del Cáncer Infantil, el Hospital del Niño Dr. José Renán Esquivel comparte una noticia alentadora: en los últimos cinco años se ha logrado una tendencia a mejorar del diagnóstico oportuno del cáncer infantil en Panamá.
La Dra. Karina Quintero, jefa de Oncología del hospital, explicó que en 2020 apenas el 20% de los pacientes llegaba en estadios tempranos, mientras que el 80% era diagnosticado en fases avanzadas.
Actualmente, la cifra prácticamente se ha invertido: entre el 70% de los casos se detectan de forma oportuna, y solo el 30% corresponde a estadios tardíos.
“Esto significa que muy probablemente la supervivencia de estos niños va a ir mejorando. Son excelentes noticias, pero necesitamos seguir insistiendo en reconocer los signos y señales de alarma para que los pacientes con sospecha de cáncer sean referidos adecuadamente y a tiempo”, destacó la especialista.
Cada año se registran en el país aproximadamente 180 casos nuevos de cáncer infantil. El Hospital del Niño atiende a 65 pacientes nuevos anualmente, lo que representa más del 50% de los casos en menores de 14 años.
El 40% corresponde a leucemias —principalmente leucemia linfoblástica aguda— y el 60% restante a tumores sólidos, entre ellos tumores cerebrales, tumores abdominales y retinoblastomas, como el que afectó a Alejandra.
Señales que no deben ignorarse
El cáncer infantil no se puede prevenir, pero sí puede detectarse a tiempo si se reconocen las señales de alarma. Entre ellas:
- Fiebre persistente sin causa aparente
- Palidez marcada o cansancio extremo
- Moretones o sangrados frecuentes
- Dolores de cabeza intensos y persistentes acompañados de vómitos
- Aumento de volumen o masa en el abdomen
- Reflejo blanco en uno o ambos ojos
- Pérdida de peso inexplicable
La detección temprana puede marcar la diferencia entre un tratamiento más complejo y uno con mayores probabilidades de éxito.
Hoy, Alejandra junto a sus padres son testimonio vivo de que un diagnóstico no es el final. Que el miedo puede transformarse en fortaleza. Que la información salva vidas.
Este 15 de febrero, el mensaje es claro: observar, preguntar y acudir a tiempo puede cambiar la historia de un niño.
Y como lo demuestra Alejandra, después de la tormenta, también hay columpios, sueños y ganas de seguir creciendo.







